En el blog Club d'Escriptura hi havia la proposta per fer un currículum diferent i jo he fet aquest. En podria haver fet un altre, però m'ha sortit aquest. És una proposta bonica, us podrieu animar i posar-me el vostre. O allí. Què importa on?
En el blog Club de Escritura he encontrado la propuesta para hacer un currículum diferente y yo he hecho este. Podría haber escrito otro, pero me ha salido este. Es una propuesta bonita, os podríais animar y ponerme el vuestro. O allí. ¿Qué importa dónde?
"Mi paisaje, el puerto de Barcelona. El tiempo, la infancia, tengo cinco años. Correteo entre barcas mientras cuento, incrédula, los metros y metros de tejido en el suelo y hablo a las ancianas tejedoras sentaditas en sus sillas. Visión en azul y verde de redes de pescador. Sensaciones: Olor a aceite, pescado y agua de mar. Sentimiento de transgresión por entrar un domingo en la zona porteña donde nadie que no sea pescador, estibador, barquero o capitán lo hace y todo porqué mi padre ha hecho un guiño al guardia de la verja.
Otros paisajes... Todos los visitados, física o sentimentalmente, incluso una mesa puesta para un desayuno, mientras pueda mirar, escuchar o estar en silencio.
Amores, todos, los secretos, los primeros, los apasionados, los arrebatados, los abandonados, los imposibles, los que me han hecho sufrir, los que me han hecho sentir, los insoportables, los que odié, a los que hubiese asesinado, por los que me hubiese dejado matar... Los cambio todos por mi compañero de vida. Todos.
Los hijos, los que tengo. Sencillamente porqué me gustan. Sobretodo porque me río constantemente y me descubren la vida de nuevo y porqué me sacan de quicio de vez en cuando para poderme tronchar más tarde de mí misma por la estupidez de la situaciones.
Yo también escribí un libro, con doce años, que mi madre tiró sin leer en un arrebato de limpieza de cajas, junto con todos mis tesoros, mis dibujos, mis objetos infantiles, mi pasado... He plantado muchos árboles. ¿Más hijos? Mis cientos de dibujos y cuadros.
Quiero conocer a cualquier persona, siempre puedo aprender o desaprender lo aprendido para volver a aprender algo necesario y volver a empezar.
Viajes: físicos, algunos, imaginados, muchos, personales, infinitos.
Dialogo hace años conmigo misma, demasiado, quizás por eso he perdido tanto por el camino. Claro que siempre pienso que debían ser cargas innecesarias o para renovar o reciclar.
Tengo bolsas virtuales inmensas y repletas de recuerdos, puertas gigantes por donde entran los amigos y cajas grandes como casas llenas de sueños.
Hace años que me molestan los precios, no pago jamás más de lo que creo oportuno. No salgo mucho, sólo lo necesario, lo que el físico me deja, lo que la energía me impone.
No me importan los títulos, aunque delante de una buena propuesta, sin ni siquiera abrir la cubierta de un libro, puedo intentar redactar algún pequeño escrito.
Gasto un cuarenta y uno de pie porqué soy de la tribu Pies Grandes y no soy pequeña. Voy camino a Soria o a Mozambique o a Italia o a ver a la vecina por si me invita a un café o a un vaso de Ratafia, de Moscatell o de Oporto. Paladar suave, que queréis. Y el Oporto me pierde, lo confieso.
Me llamo Dominique, generalmente escribo de noche porque duermo mal o pinto o canto sin despertar a nadie o escucho música. He llegado a hacer el pino, pero para el insomnio de los hipnotizados no hay muchos remedios caseros que pongan peso en las pestañas.
En la foto no se me ve la oreja porqué el viento levantó el cuello del abrigo, así que no sirve.
Lo siento, para mí cuenta todo y, sí, la forma también, porqué hasta las letras forman parte de mis trazos como elemento gráfico, dejan de tener sentido para pasar a ser elemento plástico y geométrico.
Oigo, más bien escucho, a quién quiera hablarme y contarme cosas interesantes, si me aburro me distraigo y me voy al quinto pino, me quedo en babia y no disimulo. Creo que deben pensar que estoy un poco loca, pero los locos podemos hacer y decir lo que nos apetece sin que nos importe ni que nadie nos lleve mucho la contraria.
La hipnotizada que hoy solo escribía un currículum, no tenía ganas de escribir nada muy literario."
Vista i oïda
Sempre he cregut que la música és important per acompanyar la lectura.
Hi ha texts, amb el seu fragment especial...
Siempre he creido que la música es importante para acompañar la lectura.
Hay textos, con su fragmento especial...
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divendres, 7 d’agost del 2009
dimecres, 24 de juny del 2009
He descobet un lloc per escriure alguns relats
Així és què segurament hi penjaré més d'un dia algun relat, a més em permetrà practicar més el meu oxidat castellà i, alhora, exercitar la traducció.
Hauré d'escriure directament en castellà i després traduir? o bé hauré d'escriure en català per ser la meva llengua materna i després practicar una bona translació?
Ah, quina disjuntiva més estúpida, però en això estic...
De moment han fet tres propostes sobre el nou llibre d'Stieg Larsson, La reina en el Palacio de las corrientes de aire i jo m'hi he apuntat a la tercera: "Escriu quelcom sobre el que et suggereix el títol del llibre":
Hauré d'escriure directament en castellà i després traduir? o bé hauré d'escriure en català per ser la meva llengua materna i després practicar una bona translació?
Ah, quina disjuntiva més estúpida, però en això estic...
De moment han fet tres propostes sobre el nou llibre d'Stieg Larsson, La reina en el Palacio de las corrientes de aire i jo m'hi he apuntat a la tercera: "Escriu quelcom sobre el que et suggereix el títol del llibre":
A la reina le gustaba su palacio, lo notaba aireado, limpio, disfrutaba el viento a través de las ventanas, de las puertas, el que se colaba en las grietas o los pequeños agujeros de cualquier madera mal trabajada, el que notaba cuando tomaba un baño o aquella simple ráfaga que le quitaba el trozo de comida a punta de labio del tenedor cuando cenaba, hasta aquel que molestaba cuando estaba sentada en su gran y hermoso trono de marfil.
Dónde más se divertía notando su preciado oreo era en el gran salón, allí donde recibía a las visitas especiales, a los príncipes, reyes y embajadores, todos hombres vestidos con pieles o de negro, oro y plata, de barbas puntiagudas e imponentes bigotes, machos orgullosos de cejas arqueadas y sabedores de portar grandes e imprescindibles mensajes para ella, una ingenua reina casadera, una firme candidata para ampliar el reinado de un soberano orgulloso famélico de poder.
Ella, la gran y lánguida reina, sonreía irónicamente, aunque sus visitantes no lo percibían, porqué en su afán de conquistarla solo parecían ver un gesto femeninamente bello y elegante, en cambio toda su corte, se preparaba con urgencia, rápida y afanosamente, agarrándose como y donde podían porqué sabían lo que se avecinaba: Una racha de viento súbito, como un tornado, que surgía de repente del fondo de la estancia abriendo las puertas brutalmente, subía por encima de las escaleras de mármol y arrancaba las pelucas y ostentosos adornos a los prohombres arrodillados y, bestialmente, se arremolinaba alrededor de la poltrona dando vueltas varias veces hasta que, en un estallido, parecía detenerse para provocar lo imprevisible, levantar obscenamente los faldones del vestido de su majestad dejando al descubierto las preciosas enaguas de gasa negra transparente decoradas con gráciles puntillas y lazos rojos de satén brillante. La reina, oh, cubríase la cara púdicamente intentando a la vez bajarse inútilmente el pesado atuendo con un gesto virginal a la par que inocente.
Y así acababa la recepción, en cinco minutos, todo el mundo medio gritando, la corte recogiendo, los visitantes pidiendo perdón, genuflexionando diversas veces y pidiendo miles de excusas a diestro y siniestro. Aquel fracaso era el éxito de la joven aireada, se libraba de la reunión con la complicidad de sus damas y de toda la corte en pleno puesto que, entre todos, habían dejado abiertas de par en par ventanas, puertas y portillas esperando la señal de la reina, su sonrisa, momento en el que soltaban el último pestillo para provocar la corriente de aire más bestial de todo el palacio.
Lo que nadie sabía es que al reino en pleno le gustaba el viento, todos amaban el aire. Ya habían tenido reyes que habían levantado paredes y colgado portones que no dejaban pasar la brisa. Esta mujer deseaba notar el frescor de la mañana, el pausado viento acalorado del mediodía, el oloroso y ligero movimiento del atardecer y el refrescar de la noche. No querían otra reina, querían la que tenían, porque no ejercía como tal. Les gustaba verla medio desnuda en el soportal de la entrada, con la melena arremolinada, dejándose acariciar el cuerpo por la brisa y escuchar que les dijese a menudo: Algún día me atreveré a cruzar este umbral para ser lo que quiero y debo ser, mientras tanto el palacio es todo vuestro y cada vez que venga alguien, mientras podamos, seguiremos provocando huracanes.
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